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El pulgar del panda

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El secreto del éxito evolutivo de los roedores

Jorge Garrido Bautista · 19/11/2025 Categoria: Evolución

Los roedores son sin duda el grupo de mamíferos con mayor éxito evolutivo. Muestra de ello son su enorme diversidad, con más de 2.200 especies actuales que representan cerca del 40% del total de especies de mamíferos, y su distribución global, estando ausentes solamente en la Antártida. Esta radiación evolutiva dentro de los placentarios ha llevado a muchos científicos a preguntarse del porqué de dicho éxito. Las hipótesis que mayor peso tienen hasta la fecha para explicar la diversificación de los roedores aluden —al margen de su pequeño tamaño y corto periodo reproductor— a su osteología craneal. Su par de enormes incisivos, de crecimiento continuo y situados tanto en el maxilar superior como en el inferior, les permitió explotar fuentes de alimento que otros competidores contemporáneos no podían hacerlo de la forma tan eficiente como lo hacían los roedores. Basta observar la minuciosidad y efectividad con la que una ardilla roe el endocarpio de cualquier semilla dura. Pero quizás el secreto de su éxito se halle en otro carácter al que tradicionalmente no se le ha dado la importancia que merece. Hablo del primer dedo de sus manos.

El primer dedo de la mano, también llamado pulgar o pólice (aunque lo denominaré D1 para ahorrar espacio y tiempo de lectura), es el último dedo en desarrollarse a nivel embrionario en los mamíferos, pero también tiende a ser el primero en volverse vestigial o perderse a nivel evolutivo. El dedo D1 ha jugado un papel evolutivo trascendental en otros grupos de placentarios, como los primates, quienes ahora hacen alarde de sus dedos oponibles y pulgares modificados para manipular minuciosamente su alimento. Nosotros, como primates superiores, no somos una excepción. ¿Pero por qué el dedo D1 sería importante para la radiación adaptativa de los roedores? Esta es una pregunta que surge de forma natural al observar a cualquier roedor roer una semilla: no lo hacen de cualquier manera, sino manipulándola cuidadosamente con sus dos manos y haciendo especial uso de sus dedos D1. Ardillas, múridos o heterómidos son solo algunos de los roedores que se alimentan de esta manera haciendo gala de la versatilidad de sus dedos D1. Pero la clave no está en el dedo en sí, sino en su estructura queratinizada que llamamos coloquialmente uña. Nosotros tenemos uñas, pero el resto de los mamíferos poseen garras, uñas o morfologías intermedias. En cualquier caso, estas morfologías no son sino expresiones tridimensionales distintas de la lámina ungueal, la verdadera estructura córnea, dura y translúcida compuesta de queratina que se ubica en el extremo de los dedos. En los roedores, la morfología de la lámina ungueal es la que guarda el secreto del éxito evolutivo de estos animales.

Un reciente estudio publicado en Science ha analizado la evolución de la lámina ungueal del dedo D1 y su asociación funcional con el modo de vida y de alimentación de los roedores. Usando datos del 83% de los géneros existentes del orden Rodentia y clasificando la lámina ungueal del dedo D1 como uña, garra o morfología intermedia, los científicos pudieron reconstruir el estado ancestral de este carácter y observar su historia evolutiva a lo largo de Rodentia. Los árboles filogenéticos revelaron que la uña es el estado ancestral de la lámina ungueal en todos los roedores y que la garra es un carácter derivado que surgió independientemente en grupos como los castores, tuzas o tucutucos o ciertos géneros de ardillas y cricétidos, entre otros. La pérdida de la lámina ungueal (roedores que no tienen uñas ni garras en el dedo D1), aunque inusual, también ha aparecido varias veces en grupos como los cávidos, pacaranas o ciertos géneros de lirones y ardillas.

Pero el verdadero quid de la cuestión se halla en la interdependencia de la lámina ungueal con el modo de alimentación y de vida de los roedores. Cuando los investigadores solaparon el árbol filogenético del dedo D1 con la evolución del manejo de alimento y el modo de vida, todo cuadró. La alimentación oro-manual, es decir, con una manipulación manual previa a la ingestión del alimento, es el estado ancestral más probable. Esto tiene todo el sentido porque para manipular el alimento antes de comerlo es esencial poseer dedos D1 con uñas o garras (o, al menos, tener dedos D1). La alimentación oral, es decir, sin el uso de las manos, surgió de forma independiente en los grupos de roedores que perdieron la lámina ungueal. Estos roedores son, como vimos anteriormente, histricomorfos como los cávidos o pacaranas. Y no solo eso, los investigadores también revelaron que el modo de vida terrestre es el estado ancestral de los roedores (los cuales tienen uñas o garras en sus dedos D1) y que hábitos de vida como el subterráneo o fosorial se asocian con la posesión de garras en el D1. O que los roedores arbóreos como las ardillas tienen uñas en su D1. En resumidas cuentas, en la historia evolutiva de los roedores ha existido una fortísima dependencia entre la morfología de la lámina ungueal y la forma en que los linajes de roedores manipulan o no el alimento.

Estos resultados ayudan a esclarecer las causas de la radiación adaptativa de los roedores. La evolución de la lámina ungueal parece haber jugado un papel fundamental en su diversificación, donde el modo de alimentación depende funcionalmente de la estructura del dedo D1. Tras la aparición de la uña en una suerte de autoapomorfía, una línea evolutiva de los Rodentia se separó para dar lugar a roedores ramoneadores que perdieron la queratinización en sus dedos D1, mientras que otra línea daría lugar a roedores fosoriales cuyas uñas se convirtieron en garras. Aunque no exclusivas de estos roedores de hábitos subterráneos, las garras de los dedos D1 también aparecieron y se mantuvieron en grupos de roedores terrestres. Todo este intrincado evolutivo se ve además apoyado por la evidencia fósil. Ya en el Oligoceno, hace unos 30 millones de años, existían roedores con uñas en sus dedos D1, apoyando así el carácter ancestral de la uña. Otros grupos emparentados con Rodentia, como los Lagomorpha (conejos y liebres), Scandentia (tupayas) y Dermoptera (colugos) carecen de uñas en sus dedos D1 ya que poseen garras en los cinco dígitos de sus manos. Los primates, el otro gran grupo emparentado con los colugos, solo poseen uñas en sus cinco dígitos. Es decir, que la uña en el dedo D1 de los roedores es una auténtica autoapomorfía, un carácter exclusivo y distintivo dentro de los Euarchontoglires —el clado que agrupa a todos los grupos anteriores. Aun con todo, y rescatando las hipótesis mencionadas en el inicio, se sugiere que la interdependencia evolutiva entre el dedo D1 y el manejo de alimento en roedores pudo estar acompañada de la evolución de caracteres osteológicos craneales como la diprotodontia (existencia de un par de grandes incisivos) y ciertas especializaciones para roer con fuerza. En línea con la historia evolutiva de la lámina ungueal del D1 y la aparición del par de incisivos de los roedores, se cree que el detonante para la radiación adaptativa de estos animales fue la aparición de plantas con semillas duras. Este evento asentaría las bases sobre las cuales la selección natural podría operar y dar lugar, con el paso del tiempo evolutivo, a la enorme diversidad de roedores a lo largo y ancho del planeta. Y el secreto para sobrevivir en este largo camino se halló en la uña de sus pulgares.


Referencias:
1.
Ian Q. Whishaw, Justyna R. Sarna & Sergio M. Pellis (1998). Evidence for rodent-common and species-typical limb and digit use in eating, derived from a comparative analysis of ten rodent species. Behavioural Brain Research, 96: 79-91.
2. Emily H. Kay & Hopi E. Hoekstra (2008). Rodents. Current Biology, 18: R406-R410.
3. Rafaela V. Missagia, Anderson Feijó, Lauren Johnson, Maximilian L. Allen, Bruce D. Patterson, Paulina D. Jenkins & Gordon M. G. Shepherd (2025). Evolution of thumbnails across Rodentia. Science, 389: 1049-1053.

Recursos: La fotografía que se ha usado como portada es una ardilla listada del este americano (Tamias striatus) y se ha extraído de Wikimedia Commons. La primera fotografía de un perrito de la pradera de cola negra (Cynomys ludovicianus) es obra de Joe Ravi. La autoría de la segunda fotografía de una ardilla roja (Sciurus vulgaris) es de Peter G. Trimming.

Acerca de Jorge Garrido Bautista

Creador y administrador de El pulgar del panda. Investigador posdoctoral en la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC). Editor asociado en Ecosistemas.

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