
Parásitos es el segundo libro de Carl Zimmer que reseño en el blog, tras Tiene la sonrisa de su madre. Ya os puedo adelantar que, al igual que me ocurrió con su primer libro reseñado, las sensaciones que me ha dejado esta obra solo pueden describirse con calificativos positivos. Más de veinte años separan ambas obras, pero el estilo de Zimmer sigue intacto. Creo que no sorprenderé a nadie si digo que Parásitos tiene todo lo que considero fundamental para una buena obra de divulgación: rigor científico, anécdotas y vivencias personales que enriquecen la comunicación del mensaje, un contexto histórico —aunque bastante reciente— exquisito y, lo más importante de todo, una idea compleja a transmitir. Si en Tiene la sonrisa de su madre la idea rompedora y compleja era la unión de las herencias genética y cultural en un solo concepto universal de herencia, aquí lo es la relevancia de los parásitos como presión selectiva para el resto de los organismos. Quizás el lector menos habituado en temas puramente evolutivos conciba a los parásitos como seres repugnantes, degenerados y dañinos para el hospedador, cuyo único propósito es parasitar vidas ajenas. Esta era, de hecho, la visión general de estos organismos durante los siglos XIX y principios del XX, cuando biólogos y parasitólogos como Ray Lankester defendían la evolución retrógrada que daba lugar a seres degenerados. Pero nada más lejos de la realidad. Los parásitos son organismos extremadamente complejos, tanto a nivel comportamental como fisiológico, moldeados y refinados por decenas (y cientos) de millones de años de evolución. No es ninguna locura afirmar que los parásitos son máquinas extremadamente eficientes y refinadas en su labor de extraer energía y recursos de otros organismos. Esta es la idea principal que quiere transmitir el libro y que, a nivel personal, es la que más valoro, ya que ayuda al gran público a entender mejor y ver con otros ojos a los parásitos. Aunque el libro se compone de ocho capítulos que se interconectan entre sí de forma bastante fluida, a mi parecer la obra se puede dividir en dos bloques: el primero dedicado al origen de los parásitos y su refinamiento evolutivo, describiendo la enorme diversidad de adaptaciones que exhiben, y el segundo centrado en el aspecto más antropocéntrico del parasitismo, es decir, en cómo nos afectan los parásitos y cómo podemos usarlos en nuestro beneficio.
De seres degenerados a máquinas refinadas de manipulación
Para los primeros naturalistas, el origen de los parásitos fue análogo al origen de la vida. La generación espontánea a partir de órganos atrofiados parecía estar detrás del surgimiento de esos organismos, los parásitos, que provocaban enfermedades. Su diseño degenerado y modo de vida hacían de los parásitos seres que desafiaban la obra divina. En el primer capítulo, Zimmer describe cómo la comunidad científica, durante el siglo XIX, veía a los parásitos precisamente como eso, como seres degenerados. Es en este siglo cuando se producen los avances más importantes de la parasitología: se descubren los ciclos vitales y formas de los parásitos gracias a los estudios de Johannes Streenstrup en trematodos de rumiantes, de Friedrich Küchenmeister en tenias de cerdos y humanos, o de Ray Lankester en el percebe parásito Sacculina. Lankester, de hecho, fue uno de los defensores más fieles de la evolución retrógrada, usando a Sacculina como su ejemplo insigne.
En los capítulos 2 y 3, el autor describe la enorme diversidad de adaptaciones de los parásitos para sortear el sistema inmune del hospedador y asentarse en su interior sin morir en el intento. Algunos ejemplos, entre otros muchos descritos en el libro, son los trematodos Trichinella y Fasciola que hacen uso de pistas moleculares para orientarse en la más absoluta oscuridad de intestinos y músculos, las tenias y anquilostomas que usan ganchos para aferrarse a las paredes del intestino liberando sustancias anticoagulantes, o el protozoo Plasmodium que invade los eritrocitos modificándoles el esqueleto molecular externo en beneficio propio. Pero estas adaptaciones se quedan cortas si las comparamos con las contra-adaptaciones que han desarrollado los parásitos para sortear el sistema inmune. Trypanosoma, el parásito que provoca enfermedades como la del sueño o la de Chagas, hace alarde una estrategia de desgaste única en la naturaleza, modificando la estructura proteica (y, por ende, los antígenos) de su cubierta membranosa cada 10,000 generaciones. Plasmodium también provoca este desgaste inmune a través de la alteración periódica de su membrana externa, pero además invade eritrocitos, células sin núcleo incapaces de producir proteínas de membrana reconocibles por el sistema inmune. Leishmania y Toxoplasma, por su parte, usan una estrategia de ocultación hacia el sistema inmune en vesículas de macrófagos y en quistes musculares, respectivamente.
Los capítulos 4, 5 y 6 se centran en el aspecto puramente evolutivo de los parásitos. Aquí el lector encontrará ejemplos fascinantes de cómo los parásitos manipulan, de forma extremadamente sutil, el comportamiento de sus hospedadores para aumentar su dispersión y éxito reproductivo. Hay parásitos que provocan un apetito compulsivo en sus hospedadores, otros los conducen a un medio adecuado para liberar sus huevos y otros los hacen más vulnerables y accesibles a los depredadores para que los devoren, ya que son los hospedadores finales. Todos estos casos se agrupan dentro de la hipótesis de la manipulación del hospedador, una idea fascinante que proponía la mimetización de compuestos liberados por el parásito con los neurotransmisores del hospedador para manipular su actividad cerebral y que se ha corroborado con los años en multitud de taxones. Esta hipótesis también es un reflejo de la relevancia de los parásitos como fuerza evolutiva. De hecho, aunque Darwin aun no lo vislumbró, el parasitismo ya está considerada como una de las fuerzas evolutivas más importantes en la naturaleza. Los parásitos, en su constante carrera evolutiva con los hospedadores, crearon el sexo y los ornamentos sexuales secundarios, que son un reflejo de la calidad del sistema inmune, en sus hospedadores. Esta idea rompedora de William Hamilton y Marlene Zuk fue posteriormente corroborada por multitud biólogos. Los parásitos, además, parecen ser los fundadores de la endosimbiosis y estar detrás de estrategias reproductivas como la inversión terminal, del auxilio interespecífico, del aislamiento reproductivo de hospedadores o incluso de la especiación. Sería absurdo centrarse en una reseña en la enorme cantidad de ejemplos evolutivos en los que los parásitos están involucrados, pero, bajo mi opinión, esta parte del libro es la más trascendental y reveladora. Solo puedo invitar al lector a inundarse en sus páginas y dejarse sorprender por los parásitos.
Parásitos y humanos
En este segundo bloque, que agrupa los capítulos 7 y 8, Zimmer se centra en nuestra relación con los parásitos. Por ejemplo, describe cómo la generación y perpetuación de la ganadería y agricultura durante los últimos miles de años ha propiciado la expansión de ciertos parásitos (como trematodos y protozoos) o cómo otros parásitos, en concreto Plasmodium, han permitido seleccionar enfermedades que en otros entornos serían tremendamente perjudiciales. Hablamos de la anemia falciforme, ovocitosis o talasemia leve, que en poblaciones humanas azotadas por la malaria son seleccionadas positivamente porque ayudan a disminuir la fecundidad del parásito. Zimmer seguidamente enlaza el tema de las enfermedades provocadas por parásitos con la enorme dificultad de desarrollar vacunas eficaces debido a los sutiles mecanismos de engaño que exhiben estos organismos hacia el sistema inmune. Aun así, nuestra especie ha conseguido controlar y casi extinguir a nivel global muchas enfermedades como la elefantiasis o la esquistosomiasis. Ya en la última parte del libro, nos encontraremos con los aparentes beneficios de los parásitos, es decir, con el control biológico de plagas en agricultura. Zimmer cierra el libro con los casos de Herren y Lafferty y Kuris, quienes llevaron a cabo planes exitosos y desastrosos, respectivamente, de control biológico usando parásitos.
En definitiva, Parásitos es otra excelente obra de divulgación de Zimmer. Mi opinión de este libro no dista mucho de la de Tiene la sonrisa de su madre. Como dije al inicio de la reseña, Parásitos contiene todo lo necesario para que un libro sea una excelente obra de divulgación. Si el lector está interesado en estos singulares organismos, que por cierto se estima que conforman la mitad de toda la biodiversidad del planeta, le recomiendo encarecidamente la lectura de esta obra. Espero que su percepción cambie en caso de que, como aquellos primeros naturalistas del siglo XIX, considerara a los parásitos seres degenerados y cuyo único propósito es dañar y hacer enfermar al hospedador. Y en caso contrario, estoy seguro de que encontrará ejemplos fascinantes y desconocidos hasta el momento de la lectura de esta obra.

Parásitos es un libro de divulgación científica escrito por el columnista y escritor Carl Zimmer en 2000 bajo el título Parasite Rex: inside the bizarre world of nature’s most dangerous creatures. En este libro, Zimmer trata los parásitos desde un prisma puramente evolutivo, incidiendo en la importancia de estos organismos en la evolución de fascinantes adaptaciones y contra-adaptaciones. Ha recibido excelentes críticas por medios como New Scientist, New York Times o Forbes. Fue publicado y traducido al castellano en 2016 por la editorial Capitán Swing.

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